¿Sabes qué es una traducción jurada?

Una traducción jurada es una traducción que tiene carácter oficial y que surte efecto ante cualquier autoridad, organismo o entidad que exija una traducción «certificada» u «oficial», y no puede ser rechazada, salvo que contenga algún defecto de forma. La traducción jurada se entrega siempre en copia impresa y debe ir sellada y firmada por el traductor en todas sus páginas. Además, culmina con un párrafo estándar de certificación del traductor, que contiene el nombre del mismo, su declaración de fidelidad de la traducción a su original y el lugar y la fecha en que ha sido hecha.

Solo pueden hacer traducciones juradas aquellas personas que estén en posesión del título de Traductor-Intérprete Jurado, que es otorgado por el Ministerio de Asuntos Exteriores. El Ministerio es quien expide los correspondientes carnés acreditativos a los traductores y también quien establece las directrices de redacción de la certificación que el traductor añade al final de la traducción.

Como consta en la página del sitio web del Ministerio, «Las traducciones e interpretaciones de una lengua extranjera al castellano y viceversa tendrán carácter oficial si han sido realizadas por quien se encuentre en posesión del título de Traductor-Intérprete Jurado que otorga el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y  Cooperación, según establece la disposición adicional décima sexta de la Ley 2/2014, de 25 de marzo, modificada por la disposición final cuarta de la Ley 29/2015, de 30 de julio.»

 

 

¿Qué documentos pueden requerir una traducción jurada?

En general, en España, todo trámite que implique la aportación a cualquier organismo del Estado de un documento redactado en una lengua extranjera requerirá la traducción jurada de dicho documento. Esto es así porque la Administración del Estado necesita estar segura de que la traducción que aporta el interesado es una fiel y exacta reproducción en español (o en otra de las lenguas oficiales del Estado) del documento original.

Ejemplos corrientes de documentos que un particular puede tener que aportar a la Administración del Estado con su correspondiente traducción en caso de que estén redactados en una lengua extranjera son los certificados de nacimiento, matrimonio, defunción, fe de vida, soltería y empadronamiento; los documentos de identidad, pasaportes, libros de familia, permisos de conducir, tarjetas de discapacidad, etc.

Un capítulo aparte lo constituyen los documentos de carácter académico. El tráfico internacional de estudiantes de todos los niveles educativos genera una gran cantidad de documentación que requiere traducción a ambos idiomas. Por un lado, es probable que la institución receptora exija como requisito para la matriculación la traducción de los correspondientes certificados académicos o del historial del alumno. Una vez acabado el curso o la titulación en la institución académica extranjera, el alumno deberá proceder a su convalidación en su país de origen. Si se trata de España, la traducción deberá ser jurada.

Pero no solo el tráfico de estudiantes da lugar a la traducción de documentación académica, también el movimiento de trabajadores y profesionales, que probablemente deberán justificar su historial académico y sus cualificaciones profesionales mediante una traducción jurada.

La adopción internacional también exige que los interesados traduzcan un amplio abanico de documentos. En general, suele ser la agencia de adopción (ECAI) quien se encarga de este y los demás trámites, pero estos también pueden ser gestionados directamente por los interesados. En general, los documentos que será necesario traducir, salvo que ya estén escritos en el idioma del país de destino, serán el informe psicosocial, los certificados de idoneidad y seguimiento, en su caso, los certificados de nacimiento y matrimonio o fe de vida, los certificados médicos, laborales, fiscales, de penales, de empadronamiento y de policía, y las cartas de recomendación.

 

 

Los documentos médicos más comunes que requieren traducción jurada al cambiar de país de residencia son el certificado médico y el historial de vacunación. También será necesaria la traducción jurada de un certificado médico específico en caso de que el interesado sufra alguna patología que le obligue a llevar alguna medicina en la cabina del avión.

Por último, los documentos de naturaleza jurídica también suelen requerir traducción jurada por la evidente necesidad de garantizar su fidelidad al original.  Este apartado se divide fundamentalmente en tres grupos:

  • Los poderes notariales son documentos otorgados ante notario mediante los que una persona (el poderdante) autoriza a otra persona o a una empresa (el apoderado) a gestionar sus asuntos dentro de determinados límites. Los poderes notariales pueden dividirse en tres categorías: el poder general, que otorga al apoderado amplias facultades, incluso para disponer del patrimonio del poderdante; el poder para pleitos, que autoriza a un procurador o a un abogado a representar al poderdante en un pleito; el poder para administrar bienes, que permite al apoderado gestionar, pero normalmente no hipotecar o disponer de los bienes del poderdante; y el poder especial, mediante el que se faculta al apoderado a hacer una gestión concreta en nombre del poderdante.
  • Los testamentos y la documentación asociada. Cuando una persona otorga testamento en un país en el que se habla un idioma distinto de su lengua materna será necesaria la traducción jurada del testamento si este ha sido otorgado en la lengua del testador o si ha de surtir efecto en su país de origen. Aparte del testamento, será necesaria la traducción jurada de todos aquellos documentos que atestigüen la titularidad de las propiedades que se encuentren en el país de origen.
  • La documentación judicial. Independientemente de que se derive de un procedimiento civil o penal, toda la documentación en lengua extranjera que sea aportada en un procedimiento deberá llevar asociada su correspondiente traducción jurada.